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22-05-2018
22-05-2018 | Cultura | LAS CENIZAS DEL NARCO

Nuevo libro que revela una trama criminal

"Con Las cenizas del narco, Enz nos cura de apatía y candidez”, dice Daniel Tirso Fiorotto en su artículo para diario Uno sobre la nueva obra literaria de su colega y amigo, Daniel Enz. 

Dos lecturas de una obra: la red mafiosa que vincula drogas y política, y la sangría de un sistema que condena a millones al hacinamiento. A diez minutos de la peatonal San Martín de Paraná, el infierno. Y que lo sepa el mundo.


Las cenizas del narco, esta nueva obra de Daniel Enz, pinta desde el primer párrafo una Entre Ríos oculta. La pinta con el color de la sangre derramada que es bandera en nuestra provincia (diagonal de Artigas), pero en este caso con un rojo derivado de la estéril violencia del tráfico de estupefacientes.


En ese comercio se va, nada menos, la vida de los gurises. ¿De verdad queremos conocer Entre Ríos? A no engañarse: leamos entonces Las cenizas del narco. Veremos que no son sólo las del narco… Pero dejamos este enigma para que busquemos respuesta en las 337 páginas de la obra recién salida del horno.


Daniel Enz resume en un libro de lectura sencilla y ágil lo que vemos e imaginamos a diario, y nos muestra esa otra provincia negada. No redacta una noticia aislada: aquí está la trama. Debemos leer porque nos ayuda en el diagnóstico con vistas a la superación de una desgracia, un flagelo que tampoco aparece por arte de magia sino como fruto del encuentro entre el poder y su hija: la marginalidad.


Tierra y muerte


El periodista acierta una vez más en el tema. Antes lo hizo con investigaciones sobre la tenencia de la tierra, la corrupción, el crimen, los desaparecidos de la dictadura, el despotismo y el abuso de poder en la Iglesia, por ejemplo. Ya es un clásico: todos los años esperamos una entrega de Enz.


El narcotráfico se ganó a balazos un lugar en nuestra comunidad y se ha consolidado por la indiferencia de la clase política, o mejor: su presencia porque en muchos casos apela a los narcos para sus sucias campañas (por horrible que suene), y se aprovecha de las personas ya anémicas gracias a la ausencia de trabajo estable y de espacios comunitarios.


Acierta el periodista en colocar el narcotráfico en el centro, como una luz de alerta, porque a través de esta vía denuncia con hechos un estado de cosas insostenible, y cada vez peor: el hacinamiento de los expulsados, en los barrios empobrecidos principalmente, y la destrucción de expectativas también entre los “pudientes”.


Testimonios terribles


He aquí, entonces, una prueba de que el destierro y el amontonamiento matan. Matan masivamente, con la participación del Estado por acción u omisión.


“Sergio tenía 19 años –comienza Enz-. Lo mataron de tres balazos en la espalda en el barrio La Milagrosa. Estaba en la puerta de su casa. Ema (16) había ido a comprar una gaseosa. Lo acribillaron en la zona de Lomas del Mirador. A Yamil (18) le pegaron un tiro en la cabeza, en el mismo barrio. David (32) era remisero. Lo mataron los dos jóvenes (de 18 y 19), por la espalda, después que le pidieron que los traslade a la zona de Los hijos de María. Rodrigo (20) murió en un tiroteo desde dos autos. Efectuaron más de 40 balazos. Leandro (21) cayó muerto por otra bala que no lo dejó llegar hasta la escuela Esparza. Lo mataron desde una moto. Muerte y más muerte. Cada día, cada noche”.


Y la lista sigue con los suicidios “como los de Carlitos, Francisco o Brisa. Algunos porque no tenían margen y prácticamente recibieron la orden de acabar con su propia vida. Por una deuda por drogas; por una mejicaneada chiquilina. Otros, porque no soportaron más el entorno familiar de odio, violencia, abusos, indigencia, abandono y desamor”.


Cuando el autor describe el “progreso” de un joven empujado a las drogas, de soldadito con sevillana a experto con chaleco antibalas, en Paraná, nos acordamos de la descripción que realiza Alcide d’Orbigny sobre el surgimiento de las islas del Paraná, desde los tonos azulados de los alisos que harán sombra para que nazcan los sauces y, con las trepadoras, los restantes especies. Dado un clima y un suelo fértil, la aparición sucesiva de ejemplares es ya previsible tanto en el monte como en la sociedad humana.


Ríos para el crimen


“Todo se tergiversó. Ya no se escuchan risas de chicos jugando en la calle… Los gritos son de violencia; de amenaza y de muerte”, se lee.


Luego, el destino marcado de ese joven “con todo por delante, pero sin mayores expectativas, que se sumó a esta alocada y absurda carrera narco, porque en esa casa precaria convive con su padre que vende drogas, su madre prostituta y su hermana que también sigue el mismo camino, pese a que ni siquiera cumplió 15 años”.


Dice Carlos Mastronardi: “Un fresco abrazo de agua la nombra para siempre”. Daniel Enz no lo desmiente, claro, diríamos que lo complementa cuando nos recuerda algo que ya leímos en la obra Los hijos del narco, de su propia pluma: en los ríos Uruguay y Paraná y la vía aérea están los caminos del negocio que destroza a nuestra juventud… Quien quiera oír que oiga.


El cuadro es demoledor. A lo largo de la obra conocemos con nombre y apellido los nudos del poder mafioso. “Los soldaditos de Petaco Barrientos, Tavi Celis, Gonzalo Elbio Caudana o Nico Castroggiovani –cuatro de los últimos jefes de Paraná- siguen haciendo los negocios para ellos o sus sucesores”, denuncia.


¿Y los políticos? “La clase política sigue ignorando el aniquilamiento de generaciones de pibes en por lo menos 20 barrios de Paraná y un número menor de distritos en Concordia, Gualeguaychú o Concepción del Uruguay”.


El estudio no es cuantitativo. Enz no da porcentajes, revela estrategias, comportamientos, sucesos y uno puede ver el panorama con puertas cerradas para la juventud, con caminos dinamitados. ¿No son nuestras chicas y muchachos víctimas de otra encerrona, hoy en los barrios, como aquellas recordadas de Salsipuedes con los charrúas, o del Neuquén medio siglo después?


“Paren el mundo, se me cayó el ensueño”, grita el poeta paranaense Eise Osman en uno de sus mentados aforismos. No podría sintetizar mejor el sentimiento de tantos adolescentes, y el nuestro.


Acopio en el delta


Enz escribió con un poco de bronca y se nota, principalmente por la promoción de actividades marginales, de “emprendimientos familiares” en torno de los estupefacientes.


En palabras de un asesor pedagógico: “hay que caminar por una villa alguna vez y ver los pibes sucios, en patas, llenos de moco, con hambre y sin ningún adulto que los mire. En un contexto donde está la desprotección total y en donde ellos nunca adquieren dignidad. No tienen respeto por el otro porque nunca nadie lo tuvo por ellos”.


Ahí está, en los testimonios, la clave del problema. Nos preguntamos entonces, ¿es el barrio de hacinados un “lugar” de verdad? ¿Cuántos riesgos deben afrontar esas madres, esas familias, para sencillamente vivir? ¿Y por qué, en una provincia con escasísima densidad demográfica, tanto amontonamiento?


 


Obras como Las cenizas del narco nos obligan a mirar la estructura económica y social. Desarraigo, destierro, hacinamiento de millones, para que unos pocos hagan negocios a escala en grandes superficies, con grandes máquinas, respaldados por el capital financiero. El sistema mata con las sustancia químicas en el agro, y a los desterrados los mata en el barrio. Solución final.


En las escuelas y las plazas, los soldaditos intercambian bochitas de “alitas de mosca” por dinero. Algunos soldaditos cambian a las chicas droga por favores sexuales… La realidad, dice el autor, supera la ficción.


Entre los testimonios, hablan también los narcos semi arrepentidos, presos. Y cuentan sobre los expertos en la cocina de la droga, los campos comprados por narcos colombianos cerca del río para el contrabando. “Se estima que el 80 por ciento de la cocaína que ingresa al Uruguay lo hace por Entre Ríos. El Delta del Paraná, o sea, el límite natural entre Buenos Aires y Entre Ríos, es la zona donde el comercio de la droga instaló un escenario de acopio y tránsito”.


Apellidos de fama


Los políticos que directa o indirectamente negocian con los narcos, con mutuos favores, pertenecen tanto al peronismo como al radicalismo. No faltan los Urribarri y los Varisco, por caso, pero los apellidos rozados por el negocio con el afán de entrar al barrio son muchos. De ahí que los narcos presos gocen de privilegios. “Cada semana iban apareciendo panfletos de uno y otro sector. Siempre aparecían las mismas fotos: Varisco-Celis por un lado; Osuna-Urribarri-Barrientos, por el otro. Fue incesante, intensivo, con denuncias duras y vergonzosas. Estaba claro que la campaña iba a ser lo más parecido a una guerra. Y así fue”, se lee en la página 224.


Los diálogos telefónicos casi completos entre el concejal Pablo Hernández y Daniel Celis no tienen desperdicio. Las amenazas del narco, de antología.


Después de brindar detalles sobre la mesa de dinero en el Senado entrerriano y sus relaciones con los narcos, dice Enz: “los que ocuparon lugares públicos y fomentaron el desarrollo del narcotráfico, tanto en Paraná como en la provincia, son responsables de lo que ocurrió y está ocurriendo. Destruyeron generaciones de pibes, provocaron muertes violentas y suicidios inducidos; malograron escuelas barriales, docentes, operadores sociales, vecinalistas y sacerdotes comprometidos; aniquilaron inferiores de clubes de mucho esfuerzo y dedicación… Hubo demasiados pibes que ni siquiera pudieron soñar”.


Racismo telúrico


Tanto los dirigentes de clubes de fútbol como los políticos sufrieron las consecuencias de esas relaciones non sanctas. Patronato está en el centro de la escena. El libro menciona gremios, partidos políticos, y un centenar de nombres de narcos, políticos, policías y sindicalistas familiarizados con el poder. Los sucesivos capítulos nos permiten hallar las relaciones del mundo narco no sólo con pistas de aterrizaje clandestinas (por decenas) aquí cerquita, sino también con sonados crímenes cometidos en Paraná y aledaños. Dinero, violencia, sicarios, familias enteras destruidas, tanto de víctimas como de victimarios. Los Palacios, los Celis, los Caudana…


Con frecuencia recordamos la premonición del fundador de pueblos, Tomás de Rocamora, al decir que ésta sería la mejor provincia del continente con una condición: si el virrey exterminaba el latifundio.


Y bien, Entre Ríos puede ser una bella región autónoma hoy si además de terminar con la concentración de la riqueza termina con el amontonamiento, la violencia, el uso de la gente desde el empresariado y la política, ese sistema de servidumbre que llamamos narcotráfico.


La economía de escala que han promovido los gobiernos nacionales y provinciales no es compatible con la biodiversidad ni con la población humana. Hay países con 30 millones de habitantes donde el territorio entrerriano suma sólo un millón y pico y sigue expulsando.


Enz ha denunciado la acumulación de tierras en manos de pocos, y ahora apunta a una de sus consecuencias: las familias apiñadas, frágiles, permeables, expuestas a los traficantes.


No faltan políticos que negocian personas: probables votos más aporte para la campaña = lugares en la lista de candidatos y en el gobierno. ¿Qué diferencia ese esquema, de la ley de ascensos en el negocio narco que va de soldaditos a gerentes? Por eso los negocios de la política y la delincuencia se cruzan a menudo, como ocurre en Entre Ríos, con la suma del deporte que mueve multitudes: el fútbol.


Arreglar con los narcos garantiza una base de cantidad y potencia en cada convocatoria proselitista, y un camino en las villas miseria. Allí, los punteros tomarán asistencia. El que falte perderá las ventajas de pertenecer a la barra, al partido, al sindicato. En un país con alta desocupación crónica y altísima marginalidad, eso equivale al abismo.


El hacinamiento en los barrios es una marca de racismo. Allí se distancia al ser humano de su entorno y se lo priva de relaciones comunitarias estimulantes. Surgen expresiones solidarias, resistencias heroicas, pero deben enfrentar demasiados obstáculos. 


Ya es difícil siquiera hacer cola en busca de trabajo porque una serie de factores se conjugan para atrapar, erosionar a los trabajadores y convertirlos en sobrantes, solo aptos para subsidios que le permitan sobrevivir y poco más. Entonces entendemos por qué la trama no se desenreda persiguiendo y castigando soldaditos.


La otra cara


En otro plano, el campo fértil se llama consumismo. El trabajo decente y la vida austera son permanentemente desacreditados por la propaganda comercial y política. El consumismo canchero está promocionado las 24 horas del día, y requiere no de personas sino de consumidores bobos que muevan la rueda del comercio. Este invento moderno justifica la buena prensa que alcanza la plata dulce entre los amontonados y los no amontonados.


La ecuación no es difícil: a los jóvenes se les cierran diez puertas y se les abre una. ¿Por dónde entrarán?


Marcelino Román denunció en versos el destierro que precede a este flagelo mostrado por Enz: “En el rancho que aprende a ser tapera/ un fuego de biznaga apenas arde:/ los viejos con las hijas y la nuera/ son una sola pena sin emparde… En el pago los mozos vieron ruinas/ y están en la ciudad capitalina/ buscando lo que el surco no les diera”.


Y bien: ya se marcharon del pago, ya se amontonaron, ahora sin trabajo en las industrias o el campo, y bombardeados por la propaganda, les va quedando la otra cocina. Sin tierra, sin comunidad: la violencia. Y de salir con vida, la cárcel.


Claro: si quedan dudas, hay que recorrer Las cenizas… tal vez otra conciencia pueda devolver a muchos la alegría y la vida comunitaria que les arrancamos.


Al cerrar el libro ponemos de relieve la valentía del periodista casado con el oficio, que investiga y denuncia sin autocensuras, y lo hace en nuestras ciudades chicas, lo cual exige un plus porque nos encontramos con los nombrados a la vuelta de la esquina.


Esta semana el asunto explotó en la justicia con los allanamientos en organismos públicos y casas de altos funcionarios, incluida la del intendente, y con la imputación de una decena de dirigentes en Paraná.


Y nos preguntamos cuántos de los mencionados aquí debieran estar agradecidos con la divulgación, porque quizá pueda generarse un cambio que por un lado los incomode, es cierto, pero por otro les salve la vida. No son pocos los que, como Enz, hacen un esfuerzo y arriesgan por el bien de todos.



Fuente: SM / El Entre Ríos
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