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23-05-2018
23-05-2018 | Cultura | RECUERDOS

Un libro que recorre las huellas de Yupanqui

Este miércoles 23 de mayo, en un aniversario de la muerte de Atahualpa Yupanqui, presentarán en Paraná “Con Yupanqui y en Montiel.

 Rastreando sus huellas en Entre Ríos”. El estudioso diamantino Víctor Hugo Acosta mostrará su obra en un encuentro organizado por la Asociación Civil Voluntad Paraná será en la Casa de la Cultura ( Carbó y 9 de Julio) a las 20, con una actuación especial del grupo Las Voces de Montiel.


El investigador recorrió los lugares que habitó Atahualpa en nuestra provincia para entregar versos, anécdotas, recuerdos, y entrevistas a las familias que tuvieron vínculos con el trovador argentino. Su libro ayuda a comprender la importancia de Entre Ríos para Yupanqui y la importancia de Yupanqui para Entre Ríos.


Acosta dice, tal como lo cuenta el periodista Daniel Tirso Fiorotto, que emprendió este desafío porque se siente “del palo” de Atahualpa, y porque en una de sus obras más notables, El canto del Viento, el artista desnuda su amor por estos pagos.


Editado en Diamante con tapa en tonos sepia y una foto que le mandó Carlos Santa María desde Ecuador, el libro habla del paisaje, los amigos, los diálogos epistolares, los pensamientos, los poemas, la familia de Yupanqui en Entre Ríos.


Hay una selección de fotos de Yupanqui, de sus cartas, sus amigos Climaco Acosta o Monito Albornoz, y los hijos de esos amigos que lo recuerdan bien. Las imágenes son un plus. Por ejemplo, una del año 30 en Tala, con la vecindad. Joyitas para los entrerrianos.


La obra contiene también breves biografías de algunos artistas que compartieron el rancho de Mingo Nanni con Atahualpa en Paraná o se encontraron en el camino del canto, como Víctor Velázquez, Miguel Martínez, Linares Cardozo, por ejemplo, todo bien enlazado con el entusiasmo y el respeto del diamantino Acosta por la riqueza de los testimonios.


Rico en amigos


“La luz de Entre Ríos es una estrellita que no se apaga nunca, paisano. Pasan los años, camino el mundo, amontono cosas en mi alforja memoriosa pero no se me olvida esa tierra que cobijó mis pobrezas y me hizo rico en amigos y verdades sin sombra”.


Víctor Hugo Acosta compendia referencias como ésta, sean en verso o en prosa, porque Atahualpa fue pródigo en recuerdos y agradecimientos al paisanaje panzaverde.


Hay aquí anécdotas, pequeños homenajes de los lugareños, curiosidades de las costumbres. “Sirvió un poco de Lusera, la bebida tradicional de Entre Ríos”, dice el trovador, admirado por las gauchadas de un judío entrerriano. “Me quedé con él y asistí a sus sagrados rituales de preparar el silencio”, confiesa.


Lindo el libro de Acosta. Hay que buscarlo. Abre puertas diversas al mundo de Yupanqui que es como un símbolo que invoca artes, luchas, guitarras, que pinta a la mujer y al hombre en su monte, en su orilla, en sus tradiciones.


Con Santa María


Recuerda Acosta una entrevista publicada por la revista Folklore en marzo de 1965 (hace más de medio siglo). Le preguntaron qué pensaba de los nuevos valores de la canción. “En este momento la decadencia se está acusando en sus formas más públicas. No niego que haya artistas jóvenes de buena fe. Los hay también honestos y que están en buen camino, como Carlos Santa María, por ejemplo”, respondió Atahualpa.


Acosta le dedica varias páginas a la relación del también diamantino Santa María con Atahualpa, dos hermanos por parte de la guitarra, como diría el trovador. Están, por caso, los versos de la bella y sentida obra que compusieron juntos: Quisiera tener un monte, tapa de un álbum de excepción, que incluye también Mi lindo pago entrerriano (“quién no se siente inspirado para cantarle a Entre Ríos”).Otra recomendación viene a cuento, y es la que le dedicó a los versos de un poeta y periodista con quien compartió la amistad. Cuenta Víctor Velázquez una sugerencia de Atahualpa: “no hay que preocuparse mucho por buscar autores, los entrerrianos tienen a Marcelino Román que tienen coplas que realmente valen la pena en canciones populares”.


No faltan en la obra de Acosta la política, la participación revolucionaria de Atahualpa junto a los Kennedy en La Paz, y allí se detiene un poco el autor en una “perlita” que encontró en la obra “Hombres y caminos: Yupanqui comunista”, con unas palabras suyas sobre la rebelión de los Kennedy, cosa que nosotros desconocíamos.


Un puñal


Hay comentarios sobre la relación del artista con los poetas como José Eduardo Seri, y a los más delicados asuntos familiares. Uno de ellos, por caso, el nacimiento de su primera hija Alma Alicia Chavero en Urdinarrain cuando Atahualpa contaba apenas con 23 años, aunque en el acta figura con 30. “el joven Chavero en julio de 1931 sólo tenía 23 años, pero se supone que en aquella época no se veía con buenos ojos que el esposo fuera más joven que su esposa. Por lo tanto, para no dejar sentado ese detalle, declaró que tenía la misma edad que la madre de su hija Alma Alicia”, interpreta Acosta.


Allí, en Urdinarrain, pudo ofrecer sus artes con la guitarra prestada de Juan Araujo, que aún se conserva como una reliquia.


Entre esas relaciones que entabló con los panzaverdes se destaca el dúo que Atahualpa formó con el entrerriano Ángel Gandino, que lo acompañó también en el cuarteto Los Indios, en Rosario.


En un apartado, el autor transcribe la Declaración de Tala, un compromiso cultural que firmaron vecinos de Rosario del Tala y de toda la provincia junto a reconocidos artistas a orillas del Gualeguay cuando se cumplieron 100 años del nacimiento de Atahualpa, reunidos por la Junta Abya yala por los Pueblos Libres, Agmer y otras organizaciones.


La Junta nació, precisamente, un 23 der mayo de 2007, cuando se cumplían 15 años de la desaparición de Yupanqui.


Víctor Hugo Acosta, docente, graduado en Bibliotecología en la UCA, es integrante y co fundador de la agrupación folklórica Las Voces de Montiel, que lleva casi cuatro décadas en los escenarios de la región. El autor pertenece también al Grupo Diamantino de Reivindicación Indígena, y comparte su militancia cultural y algunas de sus obras con su esposa, la profesora Rosario Crick Chort.


Una semblanza del profesor Ricardo Brumatti nos recuerda que Acosta es autor de las obras: Diamante y su toponimia; Reflejos de un Diamante; La chamarrita entrerriana: su historia y su influencia cultural; Santo remedio: creencias y mitos curativos de Entre Ríos; Los bichos tienen la palabra: relatos entrerrianos; y Un circo criollo entrerriano: vida y pasión. Además es autor y compositor de decenas de canciones del litoral.


Salmo que se desangra


De la nueva obra que nos está presentando Víctor Hugo Acosta tomamos en la página 77 un texto que escribió en 1972 Yupanqui para la contratapa del álbum Campesino, de Carlos Santa María.


“Alguna vez, tratando asuntos de criollismo y paisaje, lancé esta pretensiosa afirmación: ‘sólo la poesía salvará al mundo’”.


“Frente a los grandes problemas, a los confusos acontecimientos de este tiempo, mis palabras pueden resultar cándidas o temblorosamente equívocas”.


“Pero yo no lo entiendo así. Históricamente, las guerras, las revoluciones, las conquistas técnicas, la parábola de la decadencia de un ciclo de vida humana se han ido sucediendo. Y sólo el salmo, el recóndito y humilde rezo callado del hombre se va salvando, en la medida en que contenga y exprese su paisaje, su pequeño y bien amado paisaje”.


“Tagore, Whitman, Neruda, Machado, Juan Ramón Jiménez, ensancharon la geografía espiritual de sus tierras, que son, en lo universal del concepto, nuestra tierra”.


“También los juglares, los sencillos trovadores, los que reflejan su corazón en la esquina de la lágrima o en el rumor de sus vihuelas, van agrandando los pagos de su nacencia, cuando el canto se convierte en salmo que se desangra”.

Fuente: SM / El Entre Ríos
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