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06-06-2018 | Opinión | DIÁLOGO PERTINENTE

¿Cómo hablar de temas difíciles con los niños y adolescentes?

Los niños suelen interrogarnos sobre temáticas difíciles de abordar y muchas veces suponemos que son asuntos impropios para su edad, suponiendo que ya tendrán tiempo para aprenderlos. Lo cierto es que la mayoría de las veces los adultos no sabemos cómo resolver esos momentos en que los niños, con la curiosidad propia del crecimiento, esperan respuestas incluso a preguntas de muy compleja resolución.

Lo cierto es que los padres y adultos en general deben dar alguna respuesta, acorde a la edad, para satisfacer la búsqueda de los niños y motivarlos a la exploración y al conocimiento, a la vez que desarrollamos la confianza con ellos, para constituirnos en referentes válidos a la hora de realizar consultas y que ellos puedan recurrir ante cualquier situación que les genere interés, miedo o angustia.


Las distintas etapas del desarrollo infantil generan diferentes requerimientos en cuanto a la información y el vocabulario que debemos emplear, ya que la comprensión y el procesamiento afectivo también van evolucionando, de lo simple a lo complejo. Es por ello que en una misma temática, por ejemplo la sexualidad, con los más pequeños el eje será hablar sobre el cuidado del propio cuerpo, la concepción y embarazo, sin entrar en detalles no requeridos, mientras que con los adolescentes se abordará desde la reproducción, cuidados y métodos anticonceptivos. La diferencia, más allá de algunos puntos en común, estará dada que en los más chicos se trata de transmisión de conocimientos, y en los mayores el foco estará en la salud y la prevención.


Es sabido que la búsqueda de información también varía con la edad, siendo los pequeños quienes acuden casi exclusivamente a sus padres, y a medida que van creciendo irán buscando otros referentes, ya sean pares o adultos que se hayan constituido como modelos, como maestros, tíos, abuelos, etc.


Los padres, o los adultos responsables de la crianza en los primeros años, son los primeros intermediarios entre los niños y el mundo, por lo cual su rol es importantísimo, sobre todo en el ámbito afectivo, pero también en lo que tiene que ver con el desarrollo saludable de la comunicación. Este canal de intercambio y mutuo aprendizaje es necesario generarlo, construirlo y sostenerlo, ya que cuando surjan temas de abordaje complejo, será necesario contar con un canal abierto y fluido, de mutua confianza y de respeto.


Algunos adultos piensan que el hecho de hablar ciertos temas con los niños (sexualidad, drogas, alcohol) los estimula en forma indirecta a incursionar y explorar sobre ello. Esta creencia no solamente es un mito, sino que el poder hablar de ello funciona como un eficaz método de prevención y dejar esos asuntos en suspenso y sin abordar puede provocar las consecuencias que deseamos evitar.


Por eso, ante un tema complicado, es importante indagar qué es lo que saben, si lo han hablado con sus amigos, o si averiguaron sobre ello en internet o en la escuela. Así, podremos pesquisar si los niños poseen información confiable desde la cual comenzar a hablar.


Otra creencia que se presenta está referida a que los padres no son expertos en determinados temas, por lo cual sería mejor no abordarlos y delegarlos en un tercero, como la escuela. Aun sabiendo el papel de la escuela en la educación, el rol de la familia es importantísimo en la transmisión cultural.


Es por ello que la comunicación abierta se va construyendo en el abordaje de diferentes temas, desde los más triviales a los más complejos, y venciendo algunos obstáculos. A los chicos les puede resultar difícil hablar y más aún con los padres, sobre todo cuando se van aproximando a la adolescencia, o bien porque piensan que pueden ser retados si preguntan sobre determinados temas, volviéndose un tanto evitativos, más si observan a sus padres hacer silencio ante algunos asuntos, pensando que es mejor no hablar de ciertas cosas.


Es siempre responsabilidad de los adultos favorecer el proceso de la comunicación, generando espacios de intercambio, venciendo la propia incomodidad, prejuicios y e incluso algunas pautas de crianza que puedan haber recibido, ya que es difícil, pero no imposible, transmitir a otros lo que uno mismo no ha recibido.


¿Cómo hablar acerca de la muerte?


Un tema recurrente que aparece con los niños es sobre la muerte, tema complejo para todos, y el hecho de hablarlo con los niños genera muchas emociones, como así también resistencia, preocupación, miedo y angustia. No obstante, la muerte es un acto real e inevitable, imposible de ocultar, a la vez que un tema ineludible que de una u otra forma aparecerá en el repertorio de temas y preguntas de los más chicos, quienes pueden encontrarla en el noticiero de la televisión, en una charla con amigos o ante la pérdida de un ser querido. Por ello es importante que sepan que pueden hablar de ello, preguntarles qué es lo que saben, lo que ignoran, lo que piensan y lo que sienten, para poder acompañarlos y contenerlos. A veces creemos que si no decimos nada o no expresamos nuestros sentimientos, éstos no existen, pero nos olvidamos que la comunicación también puede ser no-verbal, a través de gestos, omisiones, acciones y silencios, y los chicos perciben lo que sentimos. Y las mentiras piadosas con intención de protegerlos o evitarles la angustia, pueden generar desconfianza, inquietud y confusión. Para ayudarlos es mejor acompañarlos en este descubrimiento con una actitud abierta, clara y sincera, con información necesaria y suficiente, sin detalles innecesarios o que no han solicitado. También es importante validar sus sentimientos, haciéndoles saber que sentir angustia, miedo y tristeza es algo normal, y ofrecerles tiempo, espacio y contención para expresarlo.


Etapas del desarrollo y comprensión de la muerte


Al clasificar las etapas, debemos tener presente que están relativizadas por la experiencia individual, siendo ellas flexibles en tiempo y forma.


Edad preescolar: para un niño de esta edad, la muerte es algo reversible, temporario e impersonal. Consecuentemente, no despierta la carga emocional que genera en el adulto el conocimiento de lo opuesto.


Entre los 5 y los 9 años aparece la noción de que la muerte es algo permanente, y que todas las personas mueren, pero albergan la ilusión de que a lo mejor a ellos no les toca.


En la infancia es común materializar abstracciones, con lo cual pueden tender a ponerle imagen, y manifestar pesadillas y miedos nocturnos.


A partir de los 9 años y a lo largo de la adolescencia el niño puede construir los criterios de la muerte como irreversible, permanente y personal. A lo largo de la adolescencia se realizan cuestionamientos más de índole espiritual, existencial, como la vida más allá de la muerte, la presencia del alma, etc. Algunos incluso coquetean con ella como respuesta al miedo exponiéndose a situaciones de riesgo y en ocasiones la incursión en juegos rituales. Estas manifestaciones significan el intento de mantener el control ante la idea de la muerte.


Escrito y confeccionado por el Psicólogo Gastón Fernández Montani y revisado por Equipo de Profesionales de la LINEA 102 Teléfono del Niño, del Centro de Fortalecimiento Social de la Municipalidad de Concordia.

Fuente: SM / El Heraldo
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