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Sin Mordaza
01-07-2018 | Opinión | LULA DA SILVA

"El favor popular" ¿es capaz de lavar de todas las culpas?

Terminar con el saqueo no significa reparar sus funestas consecuencias, pero es un primer paso en esa dirección.

Con el término “impoluto” se hace referencia a una cosa o persona, a la que por estar completamente inmaculada se la considera limpia y sin macha. 


Las autoridades en este tipo de tópicos señalan que cuando se la emplea haciendo referencia a una persona, significa una manera de encomiarla que suena a alabanza en el mejor de los casos, pero que con más frecuencia se trata de una adulación por la que se considera a ella como impecable, es decir libre de pecado, en cuanto se la considera como incapaz de pecar.


A su vez, desde siempre y con más frecuencia en nuestra época, se hace referencia con esa palabra no a quienes “están libres de pecado”, sino a aquellos que, hagan lo que hagan, se supone que, aunque “no esté bien”, es incapaz de desmerecerla, como consecuencia de cualidades excepcionales que impiden les sea aplicado cualquier tipo de desmerecimiento. 


Es a lo que se alude cuando se considera a ciertas personas revestidas de “teflón”, queriendo con ello significar que nada de lo que hagan “los puede quemar”.


En tanto, esta última acepción deformada de la palabra, es la que nos ha llevado a especular acerca de la lejana y débil vinculación entre los movimientos “milenaristas” de la edad media y lo “populismos” actuales. Y sobre todo a comprender la convicción inconmovible de ser “impolutos” que provocan sus líderes entre sus seguidores.


En su sentido estricto el milenarismo es la doctrina según la cual Cristo volverá para reinar sobre la Tierra durante mil años, antes del último combate contra el mal, produciendo la condena del Diablo a perder toda su influencia para la eternidad y comenzar el Juicio Universal. Pero determinados estudiosos de los movimientos milenaristas que se dieron en Europa en los siglos XII señalaban que los mismos estaban integrados por campesinos sin tierra, a los que sus líderes –mezcla de profetas y de hombres de armas llevar- los agrupaban con la promesa de llevarlos a una “tierra prometida”, una suerte de cielo terrenal. Pero aquí lo que nos interesa es señalar el ambiente de gula y concupiscencia en que se movían esos líderes de multitudes menesterosas, que su vivir en “estado de pecado” lo explican con el argumento que por condiciones y ciudades estaban por encima de las lacras que afectaban a los que eran meros mortales, y que les permitía hacer lo que les plazca. 


El “fenómeno Lula” que vemos en Brasil, donde un líder valioso pero golpeado por la maraña de la que de alguna manera ha sido partícipe, se inscribe en una mecánica similar. Dejemos de lado los hechos en los que la justicia lo considera involucrado y que son causa de su condena y subsiguiente encarcelamiento. Pero más allá de ello están los repartos de dinero entre los legisladores, de manos de su ministro principal, con el objeto de conseguir votaciones favorables a los proyectos oficialistas, y esa manzana podrida que tiene el nombre de Odebrecht. Se puede llegar incluso a suponer que Lula no tuviera participación directa en esos enjuagues, poro independientemente de ello su responsabilidad política es innegable. 


Pero a pesar de ello, se considera “candidateable” para retornar al poder, y está acompañado por lo menos por uno de cada tres brasileños en esa determinación. Se hace notorio que se parte de una explicación similar a la de los líderes milenaristas medievales, por más que en este caso la misma sea la falsa suposición que “el favor popular” es capaz de lavar de todas las culpas.


A la vez es necesario dejar en claro que una interpretación mesiánica como la expuesta no resulta aplicable a los ladronazos y ladroncitos de variable estofa, que medran en medio de ese estado de cosas. Aunque todos ellos como sus líderes, en el caso de que como usualmente se dice “hubieran metido la mano en la lata”, son no otra cosa que ladrones, cómplices o encubridores de diversa monta. 


En tanto la versión, que por nuestra parte no hemos podido verificar –unida a todo lo que se ha dejado expresado- de que un abogado entrerriano, asesor de una municipalidad de una localidad ribereña a nuestro mismo río, al que se le ha aplicado una condena todavía sin estado de firmeza de prisión efectiva por maniobras fraudulentas vinculadas con la venta de inmuebles de propiedad municipal, se dice que se lo ha visto estos días en Rusia, siguiendo a nuestra selección. 


Todo lo cual lleva a la necesidad de que se implementen mecanismos y se los ponga en práctica de manera que los funcionarios venales sean rápidamente juzgados y que después de un juicio con todas las garantías, en el caso de ser condenados, la condena se haga efectiva y que paralelamente se proceda a la extinción del dominio sobre sus bienes mal habidos. 


Es que resulta inadmisible que las causas penales en las que se investigan hechos de corrupción puedan durar más de una década, y que solo ocho de cada cien terminen con un fallo condenatorio. Todo lo cual viene a ser signo de una sociedad cuyos integrantes son en parte resignados, en parte indiferentes y cuando no son partícipes del derrame del saqueo, son al menos complacientes. Dando muestras de una hipócrita indignación, detrás de la cual se esconde un sentimiento de rencorosa envidia por no haber sido partícipe del reparto.


Una situación que se agrava aún más, por el hecho de que las diversas adjetivaciones que contribuyen a la descalificación las Cámaras que componen nuestro Poder Legislativo, se traducen en una imagen social verdaderamente lamentable, a la que se suma ahora la de ser “tierra de asilo” de sus miembros con condena, sobre cuyas cabezas pende la amenaza de arresto preventivo.


Somos conscientes de que con solo acabar con la corrupción, ubicando a los corruptos y llevándolos a donde deben estar, están lejos de verse solucionados los gravísimos problemas de todo orden que enfrenamos.


Es que terminar con el saqueo no significa de por si reparar sus funestas consecuencias. Pero de cualquier manera es un primer paso en esa dirección. Por algo de aquello que “río revuelto es ganancia de pescadores”. Dicho esto pidiendo perdón a los pescadores honestos.

Fuente: SM / El Entre Ríos
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