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09-07-2018 | Judiciales | CASOS ESCLESIÁSTICOS

Víctimas de abuso sexual siguen esperando una reparación

La Justicia entrerriana condenó a dos curas que estaban sospechados de cometer abusos contra menores.

La investigación contra Justo José Ilarraz demoró en llegar a juicio al menos unos seis años. En cambio, la tramitación de la causa que se le siguió al sacerdote colombiano Juan Diego Escobar Gaviria se resolvió con gran celeridad y en cada una de las instancias se desestimó la estrategia defensiva de hacer valer la prescripción de la acción penal por el paso del tiempo. Resulta todavía una materia pendiente la resolución de otras causas que tienen a miembros del clero acusados por los mismos delitos, como el cura Marcelino Moya, cuyo proceso también se encuentra en un paréntesis por un planteo de prescripción. Así las cosas, las víctimas siguen esperando, mientras los abusadores de niños siguen gozando de privilegios.


Este recurso de plantear la prescripción le sirvió a Ilarraz para dilatar el comienzo del debate, pero de todas formas no pudo impedir la histórica condena que recibió a 25 años de prisión, la misma sanción que recibió Escobar Gaviria y que marca un precedente jurídico en casos de abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia católica.


Así como se destaca el accionar de los operadores judiciales en ambos casos, y aún más la valentía de las víctimas en animarse a denunciar a hombres que se sentían cobijados por una institución que todavía goza de mucho poder, resulta todavía una materia pendiente la resolución de otras causas que tienen a miembros del clero acusados por los mismos delitos. 


Al bucear en los diferentes expedientes que se encuentran en plena etapa de investigación surge el que tiene como único imputado a Marcelino Moya, acusado por corrupción y abuso sexual de menores, en ambos casos agravados por su rol de miembro del clero. El proceso penal se encuentra en un paréntesis por el planteo de prescripción presentado por los defensores –el cura cambió de abogado– del acusado en medio de una estrategia para retrasar la fijación de la fecha del juicio oral. Desde que se inició el incidente, que ahora deberá resolver la Cámara de Casación Penal, el trámite cumplirá un año en agosto y ni los abogados querellantes –que representan a las víctimas– ni los familiares de las víctimas tienen certezas sobre la fecha de audiencia donde se discutirá la medida.


De este modo se observa cómo se recurre a un mismo recurso –el paso del tiempo desde que ocurrieron los hechos– para contrarrestar el avance del proceso, tal como lo hicieron los asesores legales de Justo Ilarraz y de Juan Diego Escobar Gaviria. 


La familia de Pablo Huck, el médico que fue uno de los primeros en denunciar a Moya y contar su historia de abuso, siempre estuvo confiada en que la resolución de la causa Ilarraz, por su importancia y el precedente que marcaría en materia jurídica, sería la llave para agilizar el avance en la causa del cura "sanador". Pero nada de ello ocurrió, y al parecer el Poder Judicial no tiene en cuenta el tiempo de las víctimas que siguen esperando una reparación acorde al daño que sufrieron.


La víctima siempre es la que espera, la que debe guardar silencio y cargar con una historia que duele mucho, la que debe sostenerse emocionalmente sin la ayuda del Estado, mientras los abusadores de niños siguen gozando de privilegios. Pero todo esto empezó a cambiar a partir de la conformación de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico, un espacio que se pensó para acompañar a los niños que hoy son hombres en el proceso de asumir sus historias y de una vez por todas derribar el miedo y la vergüenza a hacer pública esa parte oscura de sus pasados. Algunos de ellos lograron una reparación a través de la Justicia, mientras que otros esperan una rápida respuesta para evitar que, por lo menos en el ámbito eclesiástico, muchos niños no tengan que vivir esta pesadilla.


El primer paso se dio con la visibilización de una problemática compleja que trasciende a la Iglesia, y que alude a una estructura de poder que encierra una lógica perversa y cómplice a la vez. Basta de pedófilos y de un clero cómplice en las sombras.



Fuente: SM / Análisis Digital
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